Todo tiene un principio y un final

Llevaba mucho tiempo sin escribir por aquí, de hecho llevaba tiempo sin, ni siquiera entrar. Las razones son varias y no os voy a aburrir porque se resumen en falta de tiempo y un poco, como consecuencia, de motivación. Espero que, con un nuevo enfoque y nuevas ideas, la cosa mejore y tenga algo mas de tiempo para dedicarle.

Tal vez no escribía porque no tenía nada que decir, quien sabe.

Siempre digo que no me cuesta escribir una entrada, nunca hago un borrador, ni anotaciones en ningún sitio, ni nada. Me pongo delante de la pantalla y los dedos empiezan a fluir por el teclado hasta tener que contenerme para no hacer un tocho que no sea capaz de leer una persona mientras está en el baño ( que es donde me confiesan que suelen leerme)

Pero este caso no es así, me está costando escribir lo que realmente quiero decir.

Y llegados a este punto, y cualquiera que siga un poco mis redes, se habrá dado cuenta de que el Yellowteam y yo estamos lejos de lo que empezamos hace ahora cuatro años.

 

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Las causas han sido varias, pero se podría resumir (muy resumido) en diferencias en cuanto al formato del equipo, de la idea original, del concepto o de lo que se quiere proyectar. Al menos el tiempo que estuve supervisando y trabajando por el proyecto, haciendo a la vez las veces de corredor, comunity manager y demás … me siento orgulloso de lo que se hizo.

Por supuesto que en este proceso nunca estuve solo, y el propósito principal de escribir en esta entrada es dar las gracias a los que estuvieron ahí.

Empezando por Dave, cerebro de la increíble imagen (aún recuerdo lo que sentí cuando ví por primera vez el primer boceto). Por todas las horas que pasamos juntos, las llamadas infinitas, conversaciones por watsapp, las disputas con los proveedores, los colores, la impresión, los errores, los aciertos… Una tarea titánica no siempre valorada ni mucho menos recompensada, si no es por la satisfacción personal.

Al grandísimo equipo de Trek o mejor dicho #trekfamily, donde siempre nos trataron (y tratan) como de la familia. Mención especial para Pizarro y para Luis, que con una paciencia infinita también aportaron al equipo todo lo que han podido…y más.

Que bicis más cojonudas.

A los mecánicos tanto de La Bicicleta Badajoz y Cáceres, como a los de Navalmoral, a Tole y a Pamo,  siempre con una atención exquisita ante cualquier problema que surgiera.

Siempre están ahí.

A todos y cada uno de los corredores que pasaron por el equipo, cada uno aportando lo que ha podido, o ha querido. De casi todos guardo buen recuerdo, y ya saben donde me pueden encontrar.

Y bueno, respecto a mí, por ahora voy a seguir entrenando ” a mi bola”, sin estar atado a nada y haciendo, vistiendo y montando lo que me apetezca…

La vida sigue, y el Yellowteam también. Siempre tendrá un hueco en mi corazón.

Ha sido muy intenso.

 

PD: Me gustaría que las cosas hubieran sido de otra forma pero el puto #reggeton , el Bad Bunny ese, el Dady Yanki o como se escriba me están jodiendo la vida.

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